Las fake news sí tienen vacuna: la buena información


fake news coronavirus

Inés Martínez Sánchez

Una situación sin precedentes

Mientras esperamos que llegue una vacuna para el Covid-19 que nos deje respirar tranquilos, otro virus crece y se agiganta. Mientras el coronavirus enferma a cientos de miles de personas en el mundo y nos enfrenta a una situación sin precedentes, las fake news han tomado una nueva dimensión y ya no contribuyen solamente a la desinformación sobre temas relativamente inocuos, sino que, en este caso, afectan directamente a la salud individual de los ciudadanos, y pone en jaque a gobiernos, empresas y a la sociedad en su conjunto.

Esta situación nos plantea la siguiente pregunta: ¿encontraremos también una “vacuna” contra las fake news? Es evidente que siempre han existido todo tipo de bulos, prejuicios y mitos, pero la facilidad de propagación de las redes sociales ha sido la principal aliada en la expansión de este fenómeno. Pese a su aspecto inofensivo, las fake news tienen la capacidad de socavar aspectos fundamentales de la sociedad y, según datos del Eurobarómetro de 2019, solo un 52% de los españoles afirma que es fácil distinguir las noticias falsas de las reales mientras que un 83% considera que son un problema para la democracia.

El papel de los periodistas, organismos oficiales y ciudadanos

La situación de los medios de comunicación ha evolucionado irremediablemente hacia un formato digital, marcado por la competición del clickbait, y conviviendo con las redes sociales y con sus correspondientes influencers y algoritmos que nos muestran contenidos recomendados a través de nuestro rastro en internet y, sobre todo, marcado por una crisis derivada de los cambios de hábitos de consumo de información y caída consecuente de la principal vía de sustento de los medios tradicionales, la publicidad. Esta situación ha derivado en la precariedad de la profesión y, por lo tanto, en muchos casos, de la calidad informativa de los propios medios.

Para la lucha contra las fake news, los medios, las empresas y los profesionales del periodismo y la comunicación, debemos mantener los más altos estándares de calidad informativa. Además, una de las herramientas implantadas para luchar contra ellos es el denominado factchecking, la tradicional verificación de datos y fuentes que debiera ser inherente en toda información periodística ha evolucionado en algunos casos, a una herramienta de denuncia. Sin embargo, según una investigación del Media Lab del “MIT” el propio bulo siempre suele contar con mayor potencial de propagación que la verdad.

Por esta razón el papel de organismos oficiales y asociaciones profesionales es clave, tanto para informar directamente como para dar las claves los profesionales de la comunicación. Por ejemplo, la Asociación Española de Comunicación Científica (AECC), ha desarrollado algunas recomendaciones a la hora de informar sobre el Covid-19, y la Fundación Gabo ha elaborado una Guía para comunicar y estar informado sobre la pandemia.

Pero las redes sociales y otros formatos digitales pueden también convertirse en nuestros aliados en tiempos de crisis, gracias a su capacidad de llegar a millones de personas de forma directa e inmediata, y sin duda lo son en la crisis sanitaria en la que nos encontramos hoy.

La situación actual de la pandemia, sumado al estado de desconcierto y alarmismo en el que nos encontramos, se traduce como el máximo exponente de situación de crisis a la que probablemente nos enfrentemos como generación. Y todas las crisis, desde las globales como fue el caso de la crisis económica de 2008 o la crisis climática actual (ahora mismo relegada a un segundo plano) son un perfecto caldo de cultivo para la proliferación de miedos y preocupaciones que acaban favoreciendo la creación y difusión de las fake news.

En el contexto actual, el pánico surgido a causa del coronavirus está llevando a la población a la propagación masiva de informaciones falsas sobre el tema. Esto se debe a que a gran parte de la población comparte impulsivamente contenidos e información, sin pararse a pensar de donde viene tal información y mucho menos comprobar su veracidad. Ante el miedo, los individuos actuamos de forma menos racional, muchas veces motivados por la buena intención de que nuestros allegados tomen precauciones al respecto, pero que finalmente se convierte en una bola de nieve que alimenta la sensación de inestabilidad.

En este caso, es bueno recordar que la “vacuna” está en nuestras manos. Como buscadores de la información, acudiendo a fuentes que sean fiables y contrastadas y, como emisores, pensando dos y tres veces antes de enviar el enésimo WhatsApp que nos llega de un grupo de amigos. Pero la responsabilidad no debe caer solo de la mano del usuario, sino que instituciones, empresas y otros organismos deben buscar nuevas formas de aprovechar este tipo de tecnologías como aliada. Un claro caso de las oportunidades que suponen las redes sociales en casos de crisis como herramienta aliada es el papel que ha tomado el gabinete de comunicación del ministerio de sanidad de España, que para la tranquilidad e información de la sociedad ha abierto un canal para responder en directo las preguntas sobre el Covid-19 en nuestro país.

Un reto para las empresas y los equipos de gestión de crisis

En todo momento y especialmente en tiempos de crisis, las empresas tienen la obligación de velar por todos sus grupos de interés. La comunicación en esta situación se convierte más aún en un aspecto clave para las compañías, tanto a nivel externo como interno. Los retos a los que se enfrentan se suman además el desconocimiento de la situación y falta de previsión estimada, lo que solo sirve para acrecentar la sensación de inseguridad para los stakeholders. Por eso, la comunicación de crisis es una ciencia con décadas de trayectoria, destinada gestionar los diversos factores que pueden influir en la buena reputación de una empresa, institución o persona física, evitando o minimizando la desconfianza y noticias falsas, y con ello las consecuencias negativas que ello acarrea.

Los principales retos, tanto en tiempos de coronavirus como de cualquier crisis, vienen marcados por la dificultad de previsión de los acontecimientos y los tiempos de actuación tanto en la toma de medidas como en la comunicación de las mismas. En cuestión de horas cambia la situación y hemos de adaptarnos rápidamente al nuevo escenario. Por eso hay que determinar qué tipo de comunicación es adecuada a la situación, si se mantiene una comunicación meramente reactiva o si es necesaria una comunicación proactiva y transparente. Pero sin duda, la clave es mantener la calma y ser prudentes acerca de la situación de la empresa, así como comunicación directa de las medidas aplicadas, monitoring del panorama general, y especialmente, la gestión de mensajes adecuados, trasmitiendo un mensaje de tranquilidad, para reducir las inquietudes de nuestros stakeholders.  No debemos dejar a un lado la escucha activa, clave a la hora de conocer si se están satisfaciendo las necesidades informativas de nuestro público, y si los mensajes están siendo recibidos correctamente.

El coronavirus, a pesar de la magnitud de su impacto, es una pieza en un nuevo entorno en el que las crisis repentinas están a la orden del día. Para superar estas situaciones, la “vacuna” no hay que buscarla cuando llegan estos momentos críticos sino que es fundamental adelantarse y trabajar anticipándose a las crisis: mensajes claros y compartidos por toda la organización, portavoces entrenados, protocolos actualizados y una relación abierta y de confianza con líderes de opinión ayudarán a transformar las crisis en oportunidades de fortalecimiento reputacional.

2020-03-23 00:00:00

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